Son varios los sucesos, lecturas y conversaciones sostenidas en estos días que parecieran llevarnos siempre al mismo tema... el derecho a expresarse y también, cómo no, el derecho a callarse.
La decisión de carlanga, autor de Blogacine de eliminar la opción de comentarios en su espacio y los comentarios que ha provocado esta decisión me motivó ahora sí a escribir sobre el tema tratando de mantener la discusión dentro de lo que es el tema de este blog.
Los comentarios de los lectores son ya parte fundamental de la comunicación digital. La posibilidad del lector de refutar, argumentar, agregar o aportar algunos conceptos al contenido se convirtió en el punto de quiebre entre lo que ha sido hasta ahora el periodismo tradicional y el periodismo que aún se configura en la red.
No es la primera vez que sucede algo así, pareciera formar parte del ciclo normal de evolución de un blog el momento en el que ya resulta casi insostenible aceptar los comentarios. Sobretodo cuando use trata de un blog muy popular... no importa si es de cine o de gastronomia ( hace meses el chef Sumito Estévez también tuvo que suspender los comentarios en su blog. Las razones las desconozco pero no es difícil imaginárserlas).
El papel de moderador no es nada fácil y mucho menos en circunstancias como las que vivimos actualmente en Venezuela donde todos los temas parecieran conducirnos a la política, donde resulta imposible mantener una posición neutral y donde por más que nos duela nos falta mucho por aprender sobre el respeto a las ideas ajenas. Más que moderador se necesita ser un referee.

El insulto, la avalancha de improperios, las groserias, acusaciones sin fundamento, los rumores y las denuncias irresponsables no tienen nada que ver con la comunicación y la interactividad que soñamos y lamentablemente pueblan las discusiones más interesantes, los textos más preclaros, los blogs más inteligentes.
¿Los acepto? ¿Los borro? ¿Los ignoro? ¿Los prohibo?? ¿Qué hacer?? La decisión no está fácil.
Aceptar la disidencia, la opinión contraria, el otro punto de vista considero es fundamental pero cuando ya no existen argumentos sino insultos hasta allí creo que vale la pena escuchar. Lo entiendo, entiendo la decisión de Carlanga pero me entristece.
Sobretodo me parece triste porque no sólo en los blogs (que son un medio tan novedoso y tan libre) está sucediendo... sino en todos los medios y todos los escenarios.
Últimamente me da la impresión de que ya nadie escucha, ya nadie quiere el diálogo ni el debate. Yo hablo, yo grito, yo insulto y me quedo en mi trinchera, lo que el otro tenga que decirnos ya no lo queremos escuchar.
Muy triste.

